Danza y pandemia: Nuevos desafíos en la obligada era digital

Este lunes 21 de septiembre se realizó el primer conversatorio internacional vía zoom: “La Danza en el Espacio Digital, Oportunidades y Desafíos”. El espacio que convocó a cerca de 50 personas, fue organizado por el Ballet de Arte Moderno (BAM) en el contexto de la actual pandemia y la necesidad de desarrollar nuevas formas para difundir esta disciplina. En la ocasión, cinco destacados expositores vinculados a este arte entregaron una mirada global sobre cómo se han reinventado a través de las distintas plataformas digitales para seguir realizando sus trabajos artísticos a distancia.

Texto: Leticia Esparza y Lucas Flores

Uno de los organizadores, el conocido Director de Dance St. Louis y Profesor de Webster, University Missouri EE. UU. Michael Uthoff, fue el encargado de iniciar la cita dando la bienvenida a los asistentes y presentar a los expositores internacionales. La delegada a moderar y traducir al español -a los exponentes en inglés-, fue la periodista Leticia Esparza, quien seguido de esto, dio paso a Luis Duque (director del BAM) para que introdujera al tema, por consiguiente, Duque resaltó la importancia de la tecnología y cómo en días de pandemia se han visto impedidos para desarrollar el trabajo cuerpo a cuerpo, sumando a esto la relevancia que ha tenido la comunicación digital en los actuales procesos sociales, políticos y culturales, a lo que agregó “estamos viendo grandes revoluciones en el mundo donde las personas se empoderan sobre estos medios de comunicación que les permiten generar fuerzas para generar también cambios”. Duque entrega una mirada a la producción de forma valórica y estética con sentimientos a través de las redes sociales como una herramienta capaz de proyectar esfuerzos comunitarios que persuadan más allá de la danza a las comunidades y a los países en crecimiento. Como BAM, el titular también indicó que están en una búsqueda de extraer experiencias de quienes trabajan en el medio digital a fin de que se conozcan y avancen ahondando en las oportunidades que brindan las redes, reflexionando “el cómo hacer” y la calidad que se entrega a través de estos canales mediáticos junto a la comunidad de artistas.

 La primera en exponer fue Caili Quan, coreógrafa y ex bailarina del BalletX radicada en Nueva York. Cuenta que planificaba su trabajo en julio y debido a la pandemia tuvo que suspender el proyecto, de esto dice “fue cuando todos los ensayos se tuvieron que realizar en casa de los bailarines manteniendo la esencia inspirada en el lugar de donde nací”. Muestra de lo anterior, la exbailarina exhibió un vídeo editado en tres cuadros con una propuesta escénica -el cual compartió- que se había presentado en Filadelfia a modo de ejemplo del mundo digital al cual se estaba incorporando y que gracias a un presupuesto pudo concretar en un tráiler como teaser del espectáculo pronto a presentar.

El proyecto audiovisual llamado al final “Love Letter”, incorporó cuadros de diferentes escenarios al aire libre con planos medios y expresiones urbanas para entregar sentidos de libertad entre bailarines de variados lugares, quienes, sin mayor aparataje de vestimentas programadas, daban un discurso amplio a diversas técnicas de danza. El vídeo fue estrenado recientemente este jueves 24 y se puede ver suscribiendo a BalletX en el link https://www.balletx.org/join-balletx-beyond/

Aliarse es la fórmula

El segundo turno correspondió a Gregory Dolbashian, director fundador The Dash Ensemble y Cofundador The Playground en Nueva York, quien debutó con su propia compañía -Ensemble- en diciembre de 2010 creando obras originales para American Ballet Theatre y American Dance Festival entre otros. El destacado bailarín y coreógrafo compartió tres ejemplos de trabajos teniendo como punto centro el antes y después de la pandemia, ante esto, expresó que su estilo se basa fundamentalmente en compañerismo y contacto, de tal forma que tuvo que pensar el cómo mantener esa idea frente al gran obstáculo de no poder tener contacto físico debido al coronavirus.

 Anterior a esto, el 2018 Dolbashian había presentado una idea para el “American Dance Festival” con una propuesta escénica abstracta de trece bailarines que conjugaban un rol a líneas oscuras, sin más escenografía que el matiz de colores azul oscuro y negros alineados a una coordinada iluminación que hacía un todo a la genialidad de su creador. El planteamiento era mostrar que el contacto físico es inevitable en la obra, de esto dice “tuve que pensar en las formas de diseñar espacios donde no hubiera tanta cercanía, tratando de sacar inspiraciones y mantener contacto consigo mismo para desarrollar la idea de la coreografía”. Por lo mismo, Dolbashian también reconoció la falta de experiencia respecto de realizar trabajos audiovisuales, teniendo que aliarse con personas que entendieran del tema y enfrentar el desafío para poder ejecutar los proyectos junto a estudiantes de su compañía y The Dash Ensemble, para lo cual se realizaron talleres con personas entendidas en visual quienes asesoraron como debían grabarse los bailarines.

De los trabajos presentados por Dolbashian en el conversatorio, se desprende un discurso contemporáneo de movimientos y acciones que dan vida a una propuesta escénica actualizada, el artilugio de efectos de transición que entregan una continuidad masiva de celeridad ejecutada con delicadeza y energía requerida para demostrar la utilización de espacios y cuadros que van desde el detalle a planos medios y primeros, expresados de forma en que cada acción del cuerpo no es solo una palabra del lenguaje artístico, sino parte de la “bien” utilizada herramienta de la grabación audiovisual graficada cómo memoria digital y arma emocional para transmitir mensajes en concordancia a lo que se quiere proyectar en las redes sociales. Dolbashian concluye en que muchos de los artistas están en esta posición de necesitar la visibilización digital para poder mostrar sus proyectos de mejor forma y que es necesario realizarla. Los vídeos están disponibles en el link https://www.youtube.com/watch?v=gx0pYToYDTU&feature=youtu.be

El mensaje de la danza

Así cómo Dolbashian, la carrera de Annabelle López Ochoa es notable, una coreógrafa internacional de origen colombo belga, formada en danza en la prestigiosa Royal Ballet Academy en Amberes, Bélgica. Tuvo una destacada trayectoria de bailarina durante doce años hasta el 2013, pasando de ser solista a una exitosa creadora de categoría mundial desarrollando un estilo de dramaturgia en danza, donde la búsqueda de contar historias se plasma en la interpretación abstracta en aproximadas cien obras para cerca de sesenta compañías en todo el mundo.

 Annabelle es inquieta y siempre está en búsqueda de nuevas formas de expresar el arte, cuenta que en un momento se acercaron dos personas para plantearle un proyecto de danza audiovisual -ellos se estaban retirando- lo que le provocó escepticismo, pero accediendo finalmente a la propuesta que se concretó en una película que tuvo 25 mil vistas o reproducciones. Esto motivó a la ex bailarina para continuar con una idea de tomar diferentes cuadros de bailarines en vídeo alrededor del mundo hasta que estallo el tema de la violencia racial, de esto dice “estábamos trabajando cuando en EE.UU. sucedió la muerte de George Floyd, debiendo restructurar el proyecto”.  Por lo tanto, López dio un giro al diseño proponiendo realizar otro trabajo considerando la contingencia y la pandemia, en su caso personal, ella misma realiza las ediciones, para Annabelle la edición es cómo crear la coreografía. Dicho esto, el nuevo esquema contó con la participación de una pareja de bailarines -ambos llamados Santos- para construir una performance sobre lo que estaba ocurriendo bajo el concepto de “black lives matter” (las vidas negras importan).  La proposición audiovisual compartida en el conversatorio lleva por nombre “Say their names” (disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Y8kY9235LLc canal oficial de Annabelle) y es un mensaje a través de la danza donde se detallan latidos entremezclados a notas menores de un piano melancólico, avasallados por una voz firme que acompañan los tiempos de silencios hacia manos mágicas tras un visillo, manos que no se sienten, pero se tocan, fantasmas de habitación, movimientos tenebrosos en contrapuntos al son de una desgarrada letra entre almas llenas de colores espirituales, caricias que representan la profundidad humana y un nuevo nacer. Es la interpretación que Annabelle expresa en su arte, una expresión de dar voz corporal a un llanto en masa por la desigualdad y la tristeza de un corazón que late y muere al decir los nombres de quienes fueron acallados sin razón alguna más que su color lleno de arcoíris.

El dinamismo del vídeo-danza

El siguiente expositor fue el brasileño Alex Soares quien actualmente es director, coreógrafo y docente radicado en Sao Paulo. Como algunos de los expositores anteriores, Soares también tuvo una prolífera carrera de bailarín en varias compañías de danza contemporánea entre las que se destacan Sao Paulo city ballet y ballet teatro Guajira. A lo anterior se suma la de realizador de vídeos y el haber comenzado a realizar talleres para nuevos coreógrafos en el ballet de la ciudad de Sao Paulo.

 Soares habló de su relación con los vídeos y cómo lo aplica en la danza, por consiguiente, contó su experiencia de cuando estaba en la transición de bailarín a coreógrafo y surgió la oportunidad de estudiar cine aprendiendo esta herramienta que acrecentó las creaciones relacionadas a la danza, de esto cree que es importante considerar una camaradería con el director o editor-si se va a trabajar con ellos- a fin de evitar conflictos o circunstancias distintas por no tener la misma mirada en la creación audiovisual.

Por lo anterior, Soares antes de la pandemia ya venía trabajando con vídeo-danza realizando sus coreografías, gracias a esta experiencia -desarrollada con anterioridad al covid 19-, manifiesta que no fue difícil, tampoco exento de dificultades, ya que cuando el bailarín está en el escenario, el público percibe una realidad diferente a la de un vídeo, son situaciones y características que difieren sobre la cual ha tenido que trabajar para equilibrarlas, por consiguiente, cuando trabaja con vídeo-danza y realiza la edición, le gusta que el receptor busque  algo que lo saque de la realidad, es decir, usar herramientas como la velocidad para que la audiencia lo perciba de una forma diferente y así sacarlo de su zona de confort.

Para concluir, Soares ejemplificó sus gestiones compartiendo parte de sus trabajos en el conversatorio correspondientes a “antes de la pandemia y actuales proyectos”, todos enfocados a una relación con el tiempo. En consecuencia, a lo expuesto, la dinámica de los movimientos en los vídeos señala una estrecha relación entre el ser humano y el espacio que ocupa en la vida asociada a una mirada ralentizada entre efectos lumínicos, lo que genera un ritmo compatible al mensaje enviado, no obstante, la danza aporta el efecto principal para no perder el foco artístico y cómo se conjuga de forma eficaz en las tomas detallistas y de amplios planos.

La pandemia, una oportunidad de reinventarse

La última intervención correspondió al bailarín y coreógrafo chileno Sebastian Brown, quien se perfecciono en danza contemporánea en Nueva York y danza espectáculo en California (EE.UU.). Brown también se ha desempeñado como interprete en la compañía “Mystic Ballet” y como coreógrafo ha creado algunas piezas de pequeño y gran formato, entre ellas destacan ‘Play me a memory’ para Mystic Ballet. Actualmente es parte del elenco del BAM y se encuentra trabajando como director coreográfico de una nueva obra de docudanza.

Brown en la ocasión compartió reflexiones que surgieron a partir de la pandemia donde la pedagogía ha sido parte fundamental en el desarrollo de ideas cómo profesional. Ciertamente la realidad pandémica y la pregunta de ¿Qué hago ahora? Respondió a la necesidad de Brown para reinventarse debido a la perdida de sus empleos, una angustia que lo llevó a la incertidumbre decidiendo después de un mes volver a bailar y ser un aporte para sus homólogos que se sintieran de la misma forma, por lo tanto, realizó un tutorial coreográfico de danza contemporánea enfocado a público aficionado y bailarines, proyecto que fue subido a youtube el 15 de abril, y que para su sorpresa, el emprendimiento se había viralizado con un impresionante feedback de la gente a través de videos que le enviaban donde los usuarios bailaban sus coreografías conectándose con la música en diferentes espacios que iban desde sus habitaciones, patios, living, etc. El planteamiento finalmente desembocó en un vídeo-danza en Instagram, plataforma social usado para compartir el escenario virtual, de esto dice “muchos hasta ese momento eran desconocidos, yo no conocía casi a ninguna de estas personas, recibía muchos mensajes de agradecimientos, personas que necesitaban ese pequeño escape, fue muy abrumador y gratificante leer todo eso y sentir que mi trabajo podía ser un aporte finalmente, incluso sin una sala de clases”. Brown vio una oportunidad dentro de todo el desastre reflexionando lo importante que es darse el tiempo para escucharse y reencontrarse para cambiar la perspectiva del contexto.

Finalmente, Brown concluye que a veces el “no hacer” se confunde con el fracaso en esta disciplina y que el darse espacios para vivir el ahora, ayuda a ser un mejor artista mañana. Algo que aprendió en este tiempo confuso y de miedo, donde el reinventarse con los tutoriales de diversas coreografías ayudo desafiantemente a muchas personas para mantener activas las mentes y cuerpos de los nuevos alumnos virtuales, que lo activo en sus energías y motivación, pero que faltaba complementarse en el aspecto económico. Brown seguía sin ingresos laboralmente y tuvo que buscar una forma de conseguir, fue cuando la iniciativa se transformo en un proyecto, una escuela digital para profundizar los conocimientos de aprendizaje a lo que llamó “danza en tu metro cuadrado” dictando clases pagadas de 75 minutos por zoom. Gracias a esto, Brown no solo expandió su conocimiento a más personas, también asumió que frente a la adversidad siempre habrá una oportunidad de captar nuevos nichos sustentables en pos del crecimiento personal y de la comunidad interesada en el arte de la danza, agregando “la creatividad puede transformar la realidad con toda la tecnología existente”.

Reflexiones al cierre

El conversatorio contó con la participación de los asistentes conectados al zoom, concediendo tiempos para preguntas y respuestas de los expositores sobre la danza a través de la cámara y el cómo hacerlo atractivo con las plataformas digitales y programas educacionales. En consecuencia, desde esa prisma, la experiencia del evento permitió ver la realidad desde un mundo mediático y creativo, demostrando que las plataformas tecnológicas no son solo pantallas frías al “touch” de la curiosidad, también son herramientas de calidez y cercanía transformadas en un recurso de habilidad y emoción artística, así quedo demostrado con los expositores que compartieron sus maestrías entre lo virtual y la necesidad de seguir expandiendo el arte de la danza, aun con las dificultades que ha implicado el estar bajo una catástrofe mundial como la pandemia del covid-19. Bajo esta mirada, el aprendizaje no solo ha reinventado nuevas formulas de practicar, sino que prevalecer en el tiempo con mensajes que se insertan en el ADN del cambio social, político y cultural, no obstante, yendo de la mano con el apoyo colectivo y humanizado del gremio que permita dar sostenibilidad económica y una resiliencia acorde a una comunidad cada vez mas abusada por la falta de políticas culturales a nivel latinoamericano, donde la escuela se ha transformado en el exilio del arte hacia latitudes más exigentes pero abiertas a nuevos desafíos de próceres en todo el mundo, una opción nueva que se abre en la obligada era digital.

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