Una “Razón de Vivir” de exportación

Han pasado 35 años desde que el cantautor Víctor Heredia diera vida a “razón de vivir”, una mágica poesía transformada en himno y que en palabras del mismo artista expresaría “es una canción de agradecimiento […]  pero si trasladas eso a todo lo que hacemos en la vida, siempre encontraras a alguien que te ha servido de bastón, que ha sido tu guía”. Por lo anterior, se desprende una mirada íntima al contexto político, social y cultural evidenciando el lado más desigual y abrumador si sumamos el azote de una pandemia que no da tregua, pero que lejos de romantizar la inacción del Estado ha servido de bastón y guía para despertar una ciudadanía adormecida y armada con herramientas ganadas a punta de dolor para realizar los cambios a un nuevo Chile, uno que nos separe del individualismo y la injusticia.

Bajo la coordinación musical de Paquita Rivera junto a “Chicoria” Sánchez y Charo Bogarín, dan un nuevo sentido a este himno vanguardista. La antesala de los acordes se conjuga en monólogos amargos y ausentes de risas, una voz sombría y femenina invita a parafrasear segmentos del discurso de Allende al son de las multitudes que enfrascan su tristeza, de voces sin voz y de valiente análisis a una bota que no se cansa de pisotear los ojos que nunca más verán. La sigue profunda poesía, de esperanza hermanada entre pueblos, de combinación colorida entre cordillera y pacífico en un sollozar guitarreo de indecibles acordes precedido por un violín lloroso que no tarda en ser consolado por una desgastada voz, un Heredia que no hereda egoísmo y que finalmente decide dar paso al bastón que pondrá la sangre en tierra.

La puesta en escena de Razón de vivir es una genialidad genuina de nuestro tiempo avasallada por el intelecto y talento único de Paquita. La coordinación remota de seis músicos, cuatro interpretes chilenos y once argentinos, nos invitan a escuchar una propuesta adornada de voces delicadas y coloreadas con la fuerza de mujer entre tiempos de seis octavos y un valiente quiebre en mapudungún para irrumpir en nuevos coros y matices que diferencian los extremos de la potencia vocal y musical, una mezcla de trova, funk y melancolía obsequiada para ser exportada en un lenguaje universal, el que nos afecta a todos, el que nos estremece y hace enorgullecer desde lo más humano, quizás la forma extremista de dar valor a nuestros valores y sumar un alma nueva a nuestros bienes culturales y de gran reserva, en simples palabras, una Paquita de exportación.

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